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Para conocer mi vida nos tenemos que remontar a los años 80. Will Smith acababa de llegar por primera vez a Bel Air, Alf ha aterrizado en La Tierra para comerse nuestros gatos y Michael Knight hablaba con su coche a través del reloj. Espinete nos enseñaba a valorar la amistad y Alaska a temer a la Bruja Avería. Un joven y pixelado Link recogía la espada de un anciano que le advertía de los peligros que correría. Un fontanero se hará famoso por superar los obstáculos para salvar a su princesa secuestrada. Las hombreras, las tachuelas y todo lo extravagante estaba de moda, y en las radios entonaban canciones tan emblemáticas como The final countdown de Europe o Livin’ on a prayer de Bon Jovi. Y en el mundo del cine, los Goonies descubrían el tesoro de Willy el Tuerto, Marty viajaba al pasado y al futuro, y descubrimos por qué no había que dar de comer a un Gremlin a partir de la medianoche.

A finales de esta década, un poco antes de la caída del muro de Berlín, allá por 1988, nací yo, con el nombre de María. Desde bien pequeña aspiraba a convertir mi casa en Atapuerca garabateando las paredes con mis Carioca. Crecí, como muchos de mi generación, con series como Dragon Ball, Sailor Moon, Card Captor Sakura o David el Gnomo. También había hueco para películas de Disney, Warner, Dreamworks o de otras compañías que ya han cerrado. Y cómo olvidar esas tardes de verano leyendo la revista Olé con la que descubrí a Mortadelo y Filemón, 13 Rue de Percebe y Pulgarcito. A pesar de que amaba el dibujo por encima de todas las cosas y que mis intenciones consistían en estudiar artes, me deparaba otro destino. Bajo las presiones de «las artes no te van a dar para comer», decidí estudiar informática, y acabé sacándome una titulación de formación profesional de administración de sistemas informáticos, con la esperanza de poder asistir a clases para mejorar mi dibujo. Y no pude estar más equivocada. Mis horarios no me permitían acudir a una academia. Así que seguí estudiando por mi cuenta, hasta que conseguí acceder a la escuela de ilustración ESDIP.

Mi especialidad es el arte tradicional. Me muevo mejor sobre un papel que sobre mi Wacom Intuos o el iPad. Por eso siempre viajo con un cuaderno, mis portaminas y un borrador. Del arte tradicional me decanto por las acuarelas, los rotuladores, el grafito y las tintas.

En cuanto al ámbito profesional, he realizado encargos de clientes privados: regalos e invitaciones de boda, caricaturas, retratos, diseños de personajes, entre otros.

Si está interesado en mi trabajo, no dude en contactar conmigo en el formulario que encontrará en la sección Contacto o en las redes sociales.